La otra cara del éxito

Saturday, 19 January 2013 23:30 Written by 
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La otra cara del exito

Para estos días, y en especial después de conocerse la entrevista otorgada por Lance Armstrong a la comunicadora Oprah Winfrey el pasado 17 de enero de 2013, se revela un caso que ha tenido un sinnúmero de interpretaciones; todas estas, dependiendo de los intereses y de la orilla que cada uno ocupe; y aunque el hecho ya era noticia desde junio de 2012, sólo hasta ahora y ante los medios de comunicación, el heptacampeón del tour de Francia confesó su inevitable responsabilidad frente a la práctica del doping.

Por ejemplo, la ciencia y sistemas antidoping deportivos, hoy cuestionan la efectividad y oportunidad de los resultados de las pruebas, que sirven para detectar o evidenciar el uso de métodos irregulares y que potencian la capacidad del cuerpo humano, para llevarlo irregularmente a desempeños inusitados.

 

Otros en su calidad de seguidores del deportista, han sentido una gran decepción; por otra parte los patrocinadores han argumentado ser víctimas de un engaño, la fundación Livestrong se ha apartado de su principal icono, y así, con diferentes miradas, el deportista que superó la lucha contra el cáncer a sus 25 años en 1996, ha recibido el apoyo, pero también la descalificación alrededor del mundo.

 

Precisamente, antes de empezar a escribir y conversando con un proveedor, éste me sorprendió diciéndome: "Si algo tengo claro, es que no quiero ser exitoso en ninguna actividad en particular", esto me llamó absolutamente la atención, porque sin lugar a dudas, todos queremos de una u otra manera, arañar el éxito.

 

Por la razón anterior, tal vez el éxito pueda ser tan relativo, como circunstancial; todo dependiendo de las expectativas y definición que cada uno pueda darle a la experiencia de ser exitoso.

 

Interesado e interpelando a quien había hecho la afirmación anterior, no dudé en preguntar: ¿Cuál es el argumento de esa tesis?. La respuesta tuvo una dosis de simplicidad, que considero invita a la reflexión. Esto dijo: "No quiero ser por ejemplo el mejor contador tributarista, porque eso supone un sacrificio de mi entorno inmediato, no quiero ser el mejor atleta, porque eso supondría altas jornadas de entrenamiento en detrimento de mi familia. Prefiero mantener un equilibrio y no exponer la armonía de mi calidad de vida".

 

Hoy hablamos del "éxito", porque la historia de Armstrong y la conversación que acabo de compartirles, me ha inquietado acerca de los significados y los mismos alcances del éxito.

 

Acudamos a la definición del diccionario Larousse, donde la palabra “éxito” cuenta con cuatro interpretaciones:

 

1. Éxito como resultado. De una empresa o acción emprendida, o de un suceso generador de felicidad.

2. Cosa que supone un éxito o resultado.

3. Aceptación de una persona o una cosa por parte de gran cantidad de gente.

4. Circunstancia de obtener lo que se desea en el ámbito profesional, social o económico.

 

Le agregaría al cuarto concepto, el elemento "personal/familiar", toda vez que el éxito, también se puede experimentar en el propio entorno familiar o personal.

 

Volviendo a la noticia, que para estos días centran la atención en el ciclista norteamericano; observamos que su éxito ha sido relativo, pues de alguna manera, aunque se obtuvo un reconocimiento al vencer en más de una oportunidad, la más exigente competencia ciclística del mundo, el éxito obtenido en esa ocasión, resultó ser efímero; hoy esos logros, están llevando al traste su propia reputación.

 

Ahora, suponiendo que sus triunfos hubieran estado lejos del doping y dado su afán de ser el mejor en su oficio; es probable que otros sacrificios o renuncias,  hayan terminado por afectar su vida familiar y circulo social, ante las necesarias y exigentes rutinas de entrenamiento.

 

Ser el mejor además de un propósito, debe involucrar un cómo, y ese cómo implica costos, de allí la importancia de saber cuáles son esas privaciones que asumiremos para lograrlo.

 

Cuando este profesional de la contaduría me hablaba en sus propias palabras, de la que él considera es su fórmula de la felicidad, recordé dos palabras muy importantes y que por supuesto no abundan en la sociedad: moderación y templanza. Son estas dos virtudes de las que escribir es muy fácil, pero que vivirlas es tan difícil como pretender ser el número uno.

 

Éxito, excelencia, magnificencia y otras cualidades o estados “modelo” de la sociedad, deben dejar de ser el único propósito de la humanidad, porque alcanzarlos puede ser tan oneroso ante su costo de obtención, que con facilidad caemos en el estado de la frustración.

 

El libro “Con rumbo propio” de Andrés Martín Asuero, define muy bien en el triángulo de la vida, la necesidad de mantener un equilibrio entre el YO (Desarrollo personal), TRABAJO (Desarrollo profesional) y RELACIONES (Afectividad); esta figura de tres lados cuando es perfecta (armoniosa), forma un triángulo equilátero con tres ángulos, cada uno de ellos de 60 grados para un total de ciento ochenta grados; no puede ser rectangular, isósceles obtusángulo o escaleno, pues esto ya reflejaría un desequilibrio, y al parecer esa asimetría, es la que propicia finalmente los sacrificios.     

 

Esta no es una lección acerca de qué hacer o no hacer, y menos una incitación a no ser exitoso, pero sí de cómo lograrlo; el “qué”, cuando ya existe en nuestras vidas, es un propósito que demarca claramente una dirección; lo realmente importante, es cómo vamos a recorrer de manera exitosa esa ruta; es decir, sin exponer ningún componente del triángulo de la vida.   

 

JUAN DIEGO RESTREPO

@MarketingObj

@juandrpo

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