La ciencia de la reputación

Tuesday, 06 November 2012 22:15 Written by  Juan Diego Restrepo
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La ciencia de la reputacion

Aunque la cultura, educación y formación recibida, pretendan hacernos seres únicos, independientes e individuales, ajenos al "qué dirán"; lo cierto es, que a los individuos si nos importa conservar el buen nombre.

Posiblemente, algunos seres extraordinarios vayan en una dirección opuesta a esta afirmación, y su desempeño y demás actuaciones, sean tan espontáneas y originales, que poco o ninguna influencia ha tenido su entorno.

 

La reputación no solo es un indicador o valoración de la vida análoga, también lo es ahora en las nuevas lides digitales, por eso escuchamos hablar de la reputación en línea u ORM por sus siglas en inglés (Online Reputation Management).

 

Hace poco terminé de leer el compendio de investigaciones y experimentos de la biología evolucionista de John Whitfield, en su libro titulado: "La gente hablará", allí, se puede advertir que la conducta humana, desde las más antiguas, hasta las más recientes generaciones, es un diáfano reflejo del comportamiento animal, pasando por el efecto manada de los pequeños peces guppys, hasta la rebeldía de los mismos chimpancés.

 

Pero si hacemos a un lado la racionalidad que muchas veces manifestamos los seres humanos; encontramos en los animales, el espejo que mejor explica nuestro proceder entre similares o diferente género, cuando nos encontramos solos, o en compañía de alguien, rodeados de personas conocidas, o ante la proximidad de extraños.

 

En el mundo de los negocios, como en muchos otros escenarios, por principio existe el interés de conocer un poco más de la otra parte, o al menos siempre queda en la imaginación la curiosidad de saberlo, antes de propiciar una conversación o llegar a cualquier acuerdo. Para no ir lejos, transportémonos al coctel como evento social.

 

A juicio del autor del libro, esto se conoce escuetamente como el "chisme", el ser humano (ser vivo), es curioso por naturaleza, y esto no está mal; lo realmente nocivo, es cuando esta información se encauza negativamente para distorsionar, afectar, o perjudicar a alguien.

 

La reputación virtual hizo sus primeros pinos en los portales de comercio electrónico como eBay, Amazon, entre otros de carácter local o regional. A través de esta calificación, un comprador podía (incluso ahora), otorgarle una buena, regular o mala puntuación a un vendedor, con base en su experiencia de compra; de igual manera, se evalúan los críticos de obras literarias y demás textos, a partir de la pertinencia y objetividad de sus opiniones.

 

El surgimiento de las redes sociales como parte activa de nuestra cotidianidad, ha abierto un espacio, para que tanto individuos como organizaciones, hablen de sí mismas y de los demás.

 

De acuerdo a lo anterior, las personas lo hacemos de una manera espontánea e intuitiva; por lo menos hasta donde conozco, ninguno o pocos, han hecho un curso básico para activar y gestionar su perfil personal de Facebook o Twitter; a diferencia de las empresas, que aunque han “aprendido haciendo” (la mayoría), su desempeño es ahora más planificado y racional, lejos de la emotividad de las personas.

 

Experimentos realizados mediante el panóptico, han puesto al descubierto que las personas actuamos de una manera distinta cuando estamos solas, que cuando estamos siendo observadas, fenómeno que se ha demostrado en forma reiterada por la ciencia. Los invito a leer más sobre estas investigaciones.

 

La interacción en las redes sociales, como lo expusimos en nuestro artículo Neurocomunicaciones y Redes Sociales, está completamente influenciada por los estados de ánimo, de allí la necesidad no sólo de leer y responder, sino también de analizar e interpretar antes de hacerlo; con ello por ejemplo, podemos ser consecuentes con la reputación, y también con el estilo y línea editorial de una marca.

 

La reputación es el prestigio o el buen nombre de un individuo o marca, y como sabemos que ésta tiene un valor importante en el marco de nuestras actuaciones, es conveniente que cuidemos ese crédito.

 

Por otra parte, veamos algunas afirmaciones de quienes consideran que los tiene “sin cuidado” lo que otros piensen o digan, y que a pesar de ello, son activos en las redes sociales:

 

  • No me importa el número de seguidores o fans.
  • No escribo para que me lean.
  • Que me lea el que quiera.
  • Si me siguen bien, y sino también.
  • Escribo para mí, no para los demás.
  • Si  comentan está bien y sino también.
  • Me tiene sin cuidado la crítica.
  • Si no le gustó, “de malas”.
  • No me interesa el posicionamiento web.
  • No me preocupa influenciar a otro(s).

 

Posturas como la anterior, sólo buscan llamar la atención, también un comportamiento típico y propio de las teorías evolucionistas de origen animal.

 

Finalmente, ¿Creen ustedes que la reputación en medios digitales es un reflejo de la reputación offline, o que por el contrario, una es independiente de la otra?.

 

JUAN DIEGO RESTREPO

@MarketingObj

@juandrpo

 

 

 

 

 

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